LA MORT
Por: Francisco Alejandro LEYVA AGUILAR

Hoy es día de todos santos o fieles difuntos, una festividad que viene desde épocas inmemoriales, prehispánica en América pero de orígenes celtas, al igual que el Halloween gringo y, de alguna manera celebrada en muchas latitudes allende nuestras fronteras.
Oaxaca, que es un crisol de culturas tiene celebraciones memorables como la de Santa Cruz Xoxocotlán, las comparsas y “muerteadas” del Valle de Etla, en Zaachila, Mitla, Tlacolula y en general en toda los Valles Centrales de nuestra entidad, e incluso en lugares algo lejanos como Nochixtlán, Apoala -cuna de los Mixtecos-, Huajuapam, Tlaxiaco y en general en casi toda la mixteca.
La trillada frase “el día de muertos es una tradición muy viva” cobra sentido en nuestra entidad donde incluso en estas fechas se preparan platillos prehispánicos como el Platatamal de Xoxo que es una exquisitez culinaria y que no muchos, incluso en nuestra propia entidad, sabe que existen.
Yo, personalmente soy proclive a otra frase “el muerto al pozo, y el vivo al gozo”. La materia de nuestros seres queridos, ya vuelta ceniza por la cremación o depositada en un camposanto, no es más que eso: parte de la materia que en días pasados le dio movilidad, calor, vida a un alma o espíritu que la habitaba, materia que ya no está más entre nosotros y que se ha convertido -como toda materia- en energía vital.
Me acuerdo de una canción católica que es popular en las eucaristías a la hora de comulgar y, que se refiere de alguna manera a la creación de vida desde la muerte. Se llama “entre tus manos”… “Si el grano de trigo no muere, solo quedará; pero si muere, en abundancia dará, un fruto eterno, que no morirá”… “hay que morir para vivir”…. ¿En serio?
He sido un convencido que no hay peor muerte que el olvido. Si te arrancas de la memoria a tus seres que se te adelantaron en el camino, entonces ellos en realidad, literalmente habrán muerto porque lo que los mantenía vivos entre nosotros, es el recuerdo. Recuerdo de lo que ellos fueron, de sus personalidades, de los momentos que vivieron, sufrieron, rieron, lloraron o disfrutaron contigo.
“Recordar, es volver a vivir”, dice otro refrán y me parece que las festividades de todos santos y día de muertos, de alguna manera nos obligan a los que estamos vivos, a recordar a nuestros difuntos, por eso es tan importante la festividad porque es una retroalimentación que hacemos de manera no condicionada, de épocas pasadas en las que convivimos con los que un día estuvieron vivos.
Irremediablemente, vamos todos para allá, a ese lugar que Pixar en su película Coco -inspirada en las fiestas de Oaxaca- nos presenta como círculos concéntricos donde los muertos viven otra vida mientras son recordados y se esfuman a la nada cuando son olvidados… bonita alegoría de la muerte que incluso te invita a no temerle.
“La casa me protege del frio nocturno, del sol del mediodía, de los árboles derribados, del viento, de los huracanes, de las acechanzas del rayo, de los ríos desbordados, de los hombres y de las fieras. Pero la casa no me protege de la muerte ¿por qué rendija se cuela el aire de la muerte?, ¿qué hongo de las paredes, qué sustancia ascendente del corazón de la tierra es la muerte?, ¿quién me untó la muerte en la planta de los pies el día de mi nacimiento?”, se cuestiona el chiapaneco Jaime Sabines en su poema “Doña Luz”.
Y tiene razón, ¿qué sería la vida sin la certeza de la muerte?, casi estoy seguro de que si alguien fuese eterno, añoraría poderse morir, porque quizá estar vivo sea un castigo y ningún castigo puede ser eterno.
Por tanto, hay que vivir feliz en la medida de toda posibilidad porque la felicidad es un síntoma inequívoco de una mente inteligente, no lo sé de cierto pero supongo que quien ha vivido feliz, puede también morir feliz y reintegrarse al concierto energético universal para seguir creando estrellas y seguir viviendo en el firmamento.
Vaya entonces este grito paradójico ¡QUE VIVA LA MUERTE! Y QUE DESCANSEN LOS MUERTOS.
